“Saber es relativamente fácil. Querer y obrar de acuerdo a lo que uno quisiera, es siempre más duro."
Aldous Huxley
Aldous Huxley
En mí corazón siempre lo supe aunque mi mente de 17 años estuviera en completa confusión y tribulación. Yo quería ser psicólogo pero tenía serias sospechas que mis padres aspiraban a algo diferente para mí. Nunca lo expresaron de manera formal y oficial, jamas escuche algún dictamen como “estudia esto o aquello” sin embargo había algo de punitivo en el subrepticio planteamiento de sus expectativas. No era consciente de esas sutilezas e indirectas sin embargo las padecía como despiadadas afrontas a mí sensación de valía y pertenencia a la familia que me vio brotar. Con padre y madre de cunas humildes, que a fuerza de sacrificios sostenidos en la línea del tiempo y rigurosos esfuerzos por aprovechar, cuidar y conservar lo realizado en años de trabajo, lograron proporcionarnos mejores condiciones de vida y finalmente destino que el que ellos recibieron. Su legítima y auténtica preocupación consistía en que al crecer, lográsemos nuestra independencia financiera con menos dolores que los que ellos experimentaron y ¿qué mejor manera que a través del desempeño de una profesión socialmente plausible y económicamente sustentable?, después de todo, así lo había logrado mi padre como Ingeniero Mecánico Electricista trabajando para una empresa federal en condiciones menos alentadoras que con las que yo tenía a mí disposición para empezar.
Además de que habría de luchar contra las expectativas familiares también estaban las dudas personales. No me fue fácil la auto definición y auto afirmación después de haber crecido como cualquier otro mortal occidental sobre la tierra: negando nuestras propias sensaciones, emociones, sentimientos y experiencias. ¿a qué me refiero con esto?. A eso... a que para cuando llegamos a la edad de 17 o 18 años ya recibimos fuertes, sólidas, constantes, sonantes y casi contundentes negaciones de nosotros mismos... amén del bien nutrido catálogo de instrucciones contradictorias que desde que empezamos a caminar nos proporcionan los mayores. Lo vi con claridad en octubre del año ante pasado a través de una sobrina (hija de una prima hermana) que entonces no pasaba de los 4 años y que se encontraba recibiendo instrucciones y solicitudes tanto de su madre como de su abuela. Estábamos en medio de una celebración familiar anual en la casa de uno de mis tíos (hermano de mi padre) que tiene alberca en su propio patio y la niña en cuestión, jamás de había lanzado al agua sin compañía. Su madre y su abuela la invitaban, instaban, incitaban, animaban, empujaban, le demandaban, insistían y casi le exigían que se tirara sola a la alberca, que no se preocupara, que desde afuera la estaban cuidando, etc. temblorosa, titubeante, tiritando y a la orilla, con pulgar e indice de su derecha apretándose la naricita, la pequeña Victoria cerro sus ojitos al tiempo que dio su primer paso al vacío en medio de porras, vitureos y celebraciones por tan digna hazaña. Fueron solo esos primeros experimentos los que se le festejaron pese a que en cada intento fue desarrollando mayor gallardía desde su inicial pasito pegadita a la orilla. Pasadas unas horas, la pequeña Victoria ya había dominado su miedo original, lástima que los adultos ya habían pasado a lo suyo; ella agarraba vuelo desde lejos para tener mayor impulso de proyectil y caer mas al centro de la alberca y quizás en búsqueda de más aplausos comenzó con grito en cuello, a anunciar sus acrobacias antes de ejecutarlas y su abuela (mi tía Vicky), pegó el grito en cielo con histérico alarido cuando la vio volando como nunca antes se la hubiera imaginado: - Mushchashchaaaaa!!!... me vas a matar de un susto... ven aca!!!... salte de la alberca!!!... no te tires, no te tires, no te tires.... y para sus tres años... la niña se defendió muy bien: - Mmmhhhh.... bueno, primero ahí están, andale!, que tirate!, anímate!, no pasa nada!... y ahora que no me tire... ¿quién los entiende?... el sol se despedía mientras en el horizonte se hundía, y las aves en plena revolución para encontrar su rama entre los árboles en ese momento callaron. Nosotros con los ojos como platos y las sonrisas apretadas en muecas torcidas y mal disimuladas al no atinar ni que decir, explotamos en tremenda carcajada a mandíbula batiente libertadora de quijadas.
La niña tenía razón. ¿cómo voy a saber que carrera elegir a los 17 si la mayor parte de mi vida me han dicho y contra dicho cosas contradictorias no solo para mis sensaciones y experiencia, sino hasta para lo que ellos mismos dicen?. Si el niño se golpea los adultos intentan apaciguarlo ofreciendo desconcertantes consuelos: - SSshhhh, shhhh, ssshhh.... No paso nada, no pasa nada... todo esta bien... mientras el cuerpo le reclama atención en forma de dolor y de pulsión. Le decimos al niño “no paso nada” cuando en realidad si paso. Se acaba de golpear y su realidad la esta sintiendo. En vez de decirle: - Ya sé que te esta doliendo y ahorita mismo va a pasar... este hecho negar y descalificar nuestra experiencia para dar por buena la referencia ofrecida por los mayores se refleja hasta en la indumentaria. Es sabido que la experiencia corporal de la temperatura que tienen los niños es diferente a la de los adultos; por eso la definición de sweter, sudadera, chamarra, abrigo y similares se les define como “la prenda que se le pone al niño cuando la mamá tiene frío”. No se le viste al niño según su necesidad sino el de la madre.
Otro problema que enfrenté a la hora de elegir carrera fue el mito de “es muy importante elegir bien porque es una decisión para toda la vida”. Por Dios!, a estas alturas SÉ que TODAS LAS ELECCIONES, DECISIONES y RENUNCIAS son para toda la vida, unas mas cruciales que otras. También SÉ que me puedo EQUIVOCAR, SÉ que puedo cambiar de rumbo, meta y aspiraciones. Para mí ahora importa más el tipo de persona en al que me quiero convertir, por eso en este momento estoy haciendo lo que estoy haciendo de la manera en la que la estoy haciendo.
Y ¿cómo sé esto que te acabo de decir? Porque yo empecé a estudiar Ingeniero Mecánico Electricista con la fantasía de darle gusto a mis padres durante unos diez o quince años, construir un patrimonio desahogado en ese tiempo y empezar a estudiar y hacer lo que más me llamaba la atención y que creía era lo que mas me gustaba: la psicología. Me cambié de carrera y hace diez años (mi graduación fué el 17 de mayo de 1997) que salí de la escuela, muchas cosas han pasado y cambiado. Sigo amando la psicología, disfruto mucho mi trabajo y le estoy dando una orientación a mi existencia que tiene algo más de escritor que de terapeuta. Quiero acabar mis días como escritor, conferencista y terapeuta. En esas estoy y todos los días agrego una pieza más a la edificación de esa versión de mí.
De manera que... la elección de carrera es y no es “tan crucial”. Podemos equivocarnos y enriquecer nuestras existencias con cada una de nuestras experiencias...
Con Dios y contigo: Gnozin
