martes, octubre 30, 2007

REX

“Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.”
Francois de la Rochefoucauld

El mismísimo 9/11, día de las torres gemelas, tuve un accidente del que aún no me recupero del todo: caí sobre una mesa de cristal y me astillé la mano derecha hasta atravesármela con todo el despostadero de vidrios. Convalecí durante meses hasta recuperar el movimiento gracias a terapias de ultrasonido y calor profundo todos los días. Había quedado deforme, con el brazo encogido y los dedos engarrotados. A cada mínimo movimiento correspondía una ráfaga de inclementes punzadas que me sabían a corto circuito y descargas eléctricas en cascadas. Yo que siempre he sido de fácil alarido aprendí a soportar sin ruido y ningún quejido el suplicio de mi brazo, precisé de cabestrillo para facilitar su marasmo y, como mujer embarazada, tuve que empezar a considerar mi nueva condición en cada movimiento para no hacerme daño. Visité traumatólogos, fisioterapeutas y hasta un cirujano plástico. El diagnóstico siempre fue el mismo: me había desgarrado el 80% del nervio medio y tenía dos alternativas, 1. Operarme sin ninguna garantía, ó 2. Tomar terapia de rehabilitación todos los días durante unos 5 ó 6 meses hasta recuperar la mayor parte del nervio dañado. El nervio medio coordina, controla y dirige todos los movimientos y sensaciones de temperatura y contacto de los tres principales dedos de la mano: medio, índice y pulgar. Cualquier daño afecta desde el hombro hasta las huellas digitales. Cuando escucho a alguien decir que tiene los nervios encrispados sospecho que no sabe lo que dice.
Hace dos semanas estuve en Hermosillo dando un curso y llegué a la casa mi hermana Aléteya para ahorrar gastos y principalmente, para convivir con ella un par de días y disfrutar a sus hijos en el pulso de sus rutinas que incluyen clases de natación, gimnasia olímpica y tareas escolares, amén de alguna película con palomitas al caer la noche, o compartir con ellos alguna historia familiar como su madre los tiene acostumbrados desde muy chiquitos para que ellos sepan bien a bien quien es quien de sus precesores. “Tío, tío, cuéntanos de cuando a mi tita (Liétay, mi otra hermana) la revolcó una ola en Mazatlán”... tío, tío, es cierto que cuando estabas chiquito mi mamá te cambiaba y mi tita de amarraba los zapatos?. Siempre en medio de brincos y escandalosos entusiasmos.
No sé si fue Santa Claus o los reyes magos quien se haya encargado de llevar al REX a esa casa, el caso es que desde su llegada, el perro ha sido la fascinación y alegría de mis sobrinos. Han aprendido la responsabilidad que implica tener una mascota y desarrollado sus lazos repartiéndose las tareas de bañarlo, limpiar su espacio o alimentarlo. Entre los tres lo cuidan y a veces hasta lo ignoran según sus ánimos.
El día que terminé de dar el curso me desocupe por ahí de las 4 de la tarde, le pedí raite a uno de los participantes que terminó dejándome en el negocio de mi hermana. Ella me pidió de favor que llevara a los niños a sus clases de natación, yo accedí con gusto y entonces, me entregó las llaves y dio instrucciones generales de llevarles lonches, jugos, etc para después de clases y como llegar a donde iba. Entre tantas indicaciones olvidó decirme que tuviera cuidado al abrir el portón para que el REX no se saliera en busca de aventura y yo olvidé por completo su existencia e ignoraba que tuviera un temperamento tan fugitivo. Como es de esperarse, mal se abrió la cortina y el REX salió al vuelo y detrás de él, como vagones, mis tres sobrinos con todo y niñera de cola. Al perro le debió de parecer un juego y en su sana diversión se dirigió hasta el Boulevard Morelos, amplió y de alta velocidad. Lo que alcanzaron a ver los niños no tiene nombre, el perro fue de lleno golpeado y con impacto como bola de billar lanzado, varios metros voló y como gato parado cayó para regresar al instante a agazaparse en su rincón. A regañadientes me llevé a los niños que querían quedarse a consolarlo y en la noche que llegamos con todo y mi hermana le contamos lo sucedido.
Ahí estaba el pobre REX, tembloroso todavía por el susto y el efecto de la adrenalina, buscando apapacho y consuelo. Lo subí a mi recamara y mientras boca abajo mi lectura disfrutaba, la cabeza le sobaba; en esas estábamos mimado y mimador cuando entró Diego, el más chico de mis sobrinos, y quiso abrazarlo, al hacerlo y por accidente, tocó una parte sensible del perro y este lo mordió en su mano... NO SUPE QUE HACER!!!... tenía seis profundas perforaciones en su mano derecha y lloraba como un cerdo en sacrificio, a gritos le llamé a su madre y con absoluto dominio atendió el caso como era debido. Con toda la entereza de madre experimentada, con paciencia y diligencia, con cuidado y arrullos de bebé, le fue lavando su manita mientras el niño berreaba y a mi el corazón se me apachurraba. Ella jamás apartó su amorosa atención del hijo herido, no lo regañó ni sermoneó. Lo lavó, lo curó y lo consoló con hipnóticos susurros hasta tranquilizarlo en sus brazos. Ella nunca vio que me estaba ahogando en el llanto de mi propia culpa. Había sido yo el del descuido, por mí se salió el REX, lo siguieron los niños, lo atropelló una camioneta . Por mi descuido el perro estaba lastimado y por lo mismo había mordido a mi sobrino. Ella jamás señaló el hecho que yo rumiaba en mis entrañas. Era mi culpa y parecía que mi hermana no le daba importancia mas allá de una circunstancia cotidiana. Así son los días cuando tienes niños, se accidentan, se tropiezan, se golpean. Son niños... esto me lo decía a media noche camino al veterinario para que atendieran al REX.
Me pase la noche en vela y vilo, carcomiéndome en remordimientos. ¿y si al Diego le queda su mano como la mía?, ¿y si la mordida le alcanzó a rasgar el nervio medio?, ¿y si le queda la mano cucha como yo la traje?... había que esperar hasta el siguiente día porque a esa hora no había médico rehabilitador pediatra y el niño de dolor gemía.
Una semana después volví a Hermosillo por otro curso y el REX andaba tan fresco como un adolescente y Diego estaba de vacaciones en Disneylandia con su mano intacta, fue entonces cuándo le pude contar en llanto a mi hermana todo lo que había sentido. Ella me dirigió su mas condescendiente mirada y me dijo: Ay Gnozin!, lo que pasa es que eres muy aprensivo con los niños... ya ves, ellos tan tranquilos y tu que te los llevaste cargando. ¿de qué te ha servido tanto psicología hermano?
Con Dios y contigo: Gnozin
El próximo tema de Sobremesa Café será LA CULPA. Te espero en el Bistro Miró... comentarios a yosoy@gnozin.com y los artículos están en http://sobremesa.gnozin.com

martes, octubre 23, 2007

FERNANDO

“El matrimonio es el amor domesticado.”
Alejandro Casona

Se llamará Fernando, espetó mi tío entusiasmado, para luego recetarme la arenga familiar de que nuestra dinastía inicia y, hasta este momento, culmina con un Fernando Barreras. Él estaba seguro de que Joshua, el quinto de sus hijos, sería el último y cuando mi tía Martha le dijo que estaba embarazada se energumenizó explotando en insultos e improperios a los cuatro vientos. No podía creer haberse igualado sin querer, a Jesús Alberto, el mayor de sus hijos, recién estupidizado hasta el cansancio y el hastío por haber embarazado a su novia con escasos tres meses de haberla conocido. Arremetió contra todo y se declaró oficialmente inconforme con una frase que habría de marcar su matrimonio: - Si son votaciones, yo no quiero que nazca, pero algo debió de haberle domesticado los ímpetus mal habidos porque cambió sus bramidos de verraco por reflexiones de patriarca ennoblecido con el orgullo de su estirpe. Trece años después sigue negando como entonces haberse enfurecido con la noticia de su sexto hijo alegando que desde siempre Fernando ha sido la encarnación de buenos auspicios.
Sobrino, no pasa del fin de semana para que nazca y quiero que estés aquí “no matter what”, yo vivía en Guadalajara, en ese momento no tenía dinero para el vuelo y tampoco me atreví a poner a prueba el sugerente “no matter what”. Al siguiente día vuelve a llamar mi tío para respaldar con hechos su promesa pocha dándome una CLAVE para tomar un vuelo de estreno de una aerolínea nueva con promociones irresistibles: viaje redondo GDL-TJ-GDL a mil pesos por Aerolíneas Internacionales. Quien alguna vez se haya subido a esos aviones infames, que estaban mas listos para el cementerio que para despegar, estoy seguro que no los olvida por sus aterrizajes demenciales.
Lo vi nacer un sábado 22 de octubre del año 1994 y no hubo ninguno de sus primeros siete cumpleaños en el que no haya estado presente. Fernando quedó huérfano de madre a sus casi cuatro años, y como Testigo de Jehová que era, mi tía no festejaba ni dejaba al resto de su familia festejar, cumpleaños ni navidades, pero una vez muerta, mi tío le dio a sus hijos la prebenda de celebrar a su apetencia y antojo después de diciembre del 98 por respeto luctuoso. En su cumpleaños número cinco Fernando recibió su primera bicicleta y quise enseñarle a andar en ella usando como pista la banqueta. Su casa tiene algunos 15 metros de frente cuya delgada acera tiene pasto por ambos lados y desde una orilla yo lo empujaba para que él pedaleando a la otra llegara; de ahí, solito de la bici se bajaba, con sus manos la cargaba, la volteaba y en ella de nuevo se montaba para volver a iniciar la travesía. Entre el pasto y la banqueta existe una pequeña franja a manera de ranura que hace las funciones de canal de riego, en una de esas idas y venidas se desbarrancó de la senda quedando su llanta trasera volando entre el zacate y el cemento. La llanta delantera sobre la yerba y cada llantita auxiliar a cada uno de los lados de la llanta trasera, estaba atrapado en un pequeño despeñadero y para salir de ahí con más fuerza pedaleaba. Al no avanzar me dirigió una mirada desamparada, yo le quise ayudar pero no quería estorbar, en ese instante tuve la claridad de que era una oportunidad de aprendizaje, presumiblemente, para él y elegí mejor no intervenir. Podía resolver su problema y mitigar mi angustia, o bien podía observarlo sin arrebatarle el momento. Al verme impávido y sin acción, Fernando volvió a pedalear sin resultados, me dirigió otra mirada y también observó sus llantas, pedaleó otra vez y ahora voltear a verme, se concentró en el mecanismo de las ruedas y pude notar el instante en el que descubrió la relación de su pedaleo y la llanta trasera. Sus cejitas se arquearon en un suspiro de asombro y detuvo sus piernitas para devolverme una chispeante mirada. Yo sonreí y el volvió al pedal para confirmar. Ya estaba seguro, entonces se bajo de la bicicleta, la colocó en el concreto y sin precisar ya mas de mis impulsos, llegó solito hasta donde yo estaba. No me pude contener: hice un escándalo por su aprendizaje, lo abracé y lo cargué, le di vueltas de avioncito y le troné aire en el estomago para hacerle cosquillas. Él estaba contento y rezumando gloria hasta por los ojos, era nuestro festín privado y en medio de esa exuberante celebración sentí tristeza de repente. Nos detuve y lo puse de pie mientras yo me hinqué para estar frente a sus ojos... entonces le dije: Sabes una cosa Fernando, lo mas triste de todo esto es que con el tiempo se te va a olvidar este momento y yo me voy a quedar solito con el recuerdo, y lo que puede llegar a ser una memoria compartida, terminará disolviéndose hasta convertirse en mi propia fantasía. Habré de preservar este recuerdo por los dos, so pena de también perderlo. Seré el centinela de esta joya para no llegar con el tiempo a pensar, que yo mismo me lo inventé.
A ocho años de distancia no he tenido el valor de confirmar si, como yo, él aún conserva ese momento. Tampoco sé si alguna vez lo comprobaré, después de todo, ese aprendizaje también fue mío porque ese día supe que es posible ayudar sin estorbar así como hoy, mientras estas líneas escribía, aprendí que cada cual ha de preservar de la amnesia propia su historia. Nos vemos el próximo martes de Sobremesa Café a las 7 de la tarde. La semana antepasada fuimos ocho y esperamos mayor concurrencia.
Con Dios y contigo: Gnozin Navarro Barreras
La nueva dirección de internet para ver los artículos pasados es http://sobremesa.gnozin.com y mi nuevo correo es yosoy@gnozin.com

martes, octubre 16, 2007

DESACATOS

“La sabiduría nos llega cuando ya no sirve para nada.”
Gabriel García Márquez

Haciendo un recuento de daños y perjuicios, creo que a quienes peor he insultado ha sido a aquellas personas que más he querido incluyendo a los seres que me dieron la vida, mis progenitores, y a los que me han acompañado en la misma, mis hermanos.
Empecé a darme cuenta de ello más por reflejo identificativo con unos primos, cuya madre estaba siendo consumida ante sus propios ojos por el cáncer, que por una búsqueda introspectiva. Después de ocho meses con diagnósticos fallidos en donde los médicos no atinaban mas que en recetar mayores dosis de calcio, multivitamínicos y ejercicios de respiración para ver si así mi tía lograba sacudirse el letargo y debilitamiento crónico que padecía las 24 horas del día, lo descubrió por un accidente de clarividencia. Se encontraba amamantando a Fernando, el más chico de sus hijos, y ya tenía meses visitando todas las clínicas que el seguro de gastos médicos alcanzaba a cubrir. Después de haberles dado vida, pecho y crianza a sus otros cinco hijos, ella bien sabía que cada infante termina mostrando su singularidad a como menos se espera pero nunca, en sus más de veinte años de madre experimentada, le había tocado alguno ni saber de ninguno que rotundamente se negara alimentarse de un pecho mientras que con el mismo ímpetu se aferrara al otro para de ahí extraer sus fuerzas para vivir. Con mas aire de casualidad que de suspicacia le comentó este hecho a una asistente de médico que, a fuerza de visitas regulares, cada cual ya sabía de la otra algo más que el nombre. Fue en la espontánea e instantánea mirada de alucinada, que la enfermera no pudo reprimir, de donde mi tía recibió la estocada del fatal presagio. Dígale palabra por palabra al doctor lo que me acaba de decir, él debe de saber de estas cosas, pero por la exagerada despreocupación con la que la joven intento expresarse mi tía supo que no era necesario preguntar más y se fue a llorar su mala hora mientras yo salía de operarme a láser ambos ojos por miopía, en la frontera de Mexicali. Ese Julio 17 de 1997 partí a Los Ángeles y cinco horas más tarde, cuando llegué, ella seguía llorando a puerta cerrada y sin aún dar a nadie ninguna explicación, fue entonces que mi tío tuvo su propia premonición desgarradora y de manera entrecortada me lo dijo: ES CANCER.
Desde ese día hasta el 2 de Septiembre del siguiente año que feneció mi tía, fui a visitarlos cada que el sueldo como maestro del Tec me lo permitió: una vez al mes, y cada cuatro semanas iba viendo su decrepitud en avanzada, veía a mis primos más desorientados y la casa en general más desordenada. Se intensificaban ansiedad y caos formando un espeso fango de angustia y desesperación contenidas. Mi tío, como pilar de la casa, no podía darse el lujo de flaquear frente a ellos y aprovechaba mis visitas, pidiendo días de descanso, para explotar en gritos y bañarse en llanto mientras, con el pretexto de ir por cena, yo manejaba. Fue en una de esas salidas, mientras los chavos dormían y nosotros le exprimíamos a la noche sus últimas horas, que decidimos acompañar nuestra interminable plática con chocolate caliente y donas a las casi cinco de la madrugada. Faltaban dos días para año nuevo y el mismo frío que me recorrió la espalda al acomodarme en el asiento del conductor y tomar el volante helado súbitamente me reveló lo asombrado que estaba por la claridad con que mi tío veía la enfermedad de mi tía, los frecuentes arranques de irrespeto que mis primos sin pudor exhibían por la certeza de quedarse sin madre en cualquier momento y la ambivalencia con la que él mismo afrontaba cada detalle de sus días. Se encontraba tan enojado e irritable como cualquiera de sus hijos, le reclamaba a Dios explicaciones que no llegaban y explotaba sus palmas contra el tablero del carro antes de arrancarse las ultimas hebras de plata que le quedaban. Bajábamos al sur por el Boulevard Montebello y, a menos de 100 metros para llegar al semáforo que hace crucero con la calle Beverly, tenía a mi izquierda un Pontiac, tan destartalado como su conductor que en ese instante empezó a arquearse y convulsionar mientras nos rebasaba, todo sucedió en cámara lenta y con firme serenidad ajena mi tío me dijo FRENA!, y al hacerlo y sin pretenderlo, logré esquivar el golpe que recibió el semáforo en su poste. En menos de 3 minutos llegaron los bomberos y ambulancias con paramédicos. Trataron de revivirlo por todos los medios y nomás no; mientras nosotros boquiabiertos presenciamos todo el proceso. Mi tío levanto la mirada del cuerpo sin remedio y me dijo, vámonos sobrino, este ingrato ya no llegó. A partir de ahí su actitud cambió por completo, dejó de quejarse por el cansancio, por los niños, por las agotadoras quimioterapias mensuales de mi tía, las explotaciones de sus jefes en el trabajo y hasta de las úlceras ocasionadas por tanto café, mal pasadas y desvelos. Había estado en tan egoístamente instalado en su paulatina pérdida que no había reparado siquiera que podía ser el mismo quien muriera sin aviso ni advertencia. Desde entonces se le transformó el humor, dejó de regañar a los hijos, pidió licencia, por enfermedad, en el trabajo para concentrar todas sus energías y esfuerzos en hacerle más fácil los últimos días a su esposa, que muchos meses luchó desde el colchón postrada y él las llagas de la espalda con crema le sobaba y con toallas húmedas el cuerpo le lavaba. La atendió hasta el último aliento en el que exhausta le pidió que se acercara. Ven, le dijo en un volumen inaudible para que acerca el oído a sus labios, ven, volvió a decirle, aquí estoy chula, ¿qué paso?, y entonces ella le dijo: YA!, ¿ya qué Martha?... mi tía ya no contestó, alcanzó avisarle en el último instante que se iba mientras yo volaba de regreso a Culiacán. Minutos antes me había despedido de ella con la certeza de que ya no la vería y mentalmente me machacaba lo mismo que Forrest Gump se repetía después de que su mejor amigo había muerto en sus brazos: “De haber sabido que era la última vez que hablábamos, hubiera dicho algo más inteligente”.
El punto esta en que nunca lo sabemos. Raras veces la vida nos regala esa oportunidad. Tratamos a quienes queremos como si tuviéramos asegurado el mañana para reparar el daño que hoy causamos y por arrogancia o ignorancia practicamos desacatos e insolencias que se pueden quedar en nuestra consciencia.
El respeto al otro es también respeto a mi mismo. Con Dios y contigo: Gnozin Navarro Barreras
Nota: Próxima semana no habrá Sobremesa Café porque saldré de la ciudad. Te espero hasta el otro martes.

jueves, octubre 11, 2007

Sobremesa Café

"Dios no te hubiera dado la capacidad de soñar sin darte también la posibilidad de convertir tus sueños en realidad."
Héctor Tassinari

La primera lectora, y de nombre Margarita como mis dos abuelas, llegó a las 5:30 para estar en primera fila. Traía consigo algunos de los artículos pasados, protegidos y resguardados en una bolsa de plástico cuyo nombre de supermercado no pienso publicitar. Dos minutos después llegó una señora Lupita anunciando habérseles adelantado a sus compañeras de CARITAS y colegas coetáneas en un círculo de lectura, al que mas tarde y amablemente, tuvieron a bien en invitarme y en el que pienso participar.
¿Cuántas personas le confirmaron asistencia? - me preguntó Margarita - alrededor de unas 15 le dije, y ojalá puedan venir todos, ya ve que dicen que regularmente asiste el 70% de la gente que confirma. La calidez de su sonrisa y mirada me revelaron que estaba auto consolándome prematuramente y entonces hondo respiré para ver si así adelgazaba el hilo de vilo que en el ombligo nacía y me dejaba cierto sedimento metálico en el paladar. Les llamé a mi padre, a mi madre y a Nora Patricia: todos en camino y atrapados en tres diferentes embotellamientos de la ciudad... clásico, pensé, y desde algún baúl perdido en mi memoria, con la etiqueta de recuerdos inútiles, escuché el eco de una carcajada con tres años de edad y que decía: “Desarrollo humano, desarrollo urbano”. El pastel no llegaba, los del periódico no estaban, temía que las flores en el otro Miró acabaran y los tumbos de mi acezante corazón que veía 15 minutos más adelante un penoso escenario en el que estábamos tres personas y yo pronunciaba, más afligido que inspirado, un penoso discurso que iniciaba con el clisé obligado de: Por respeto a los que llegaron temprano... vamos empezar.
Entonces, llegaron las flores, el pastel y Nora Patricia. Mi padre, mi madre y dos ex alumnas que les di clases de psicología. La entusiasta comitiva de CARITAS, Fernando González, Edel Valdez, Francisco García y Sixto Córdoba, en un parpadeo y sin haberlo anticipado, una avalancha de amigos encontraba su gentil acomodo en un espacio descaradamente reducido. Cinco minutos antes de las 6 ya nos encontrábamos 40 en un lugar preparado para 15 y mis amigos del noroeste que no veía, se encontraban afuera de la sala con otras 20 personas.
Debo confesarlo: JAMAS ESPERÉ TAN HERMOSA RESPUESTA!!!, sin haberlo pretendido me encontraba experimentando una fiesta de cumpleaños que nunca antes había tenido. Quienes como yo, nacieron en días festivos tipo navidad, año nuevo, San Valentín, día de las madres (mi caso), etc, lo saben, nunca se tiene festejo propio. No hay tal cosa como TU CUMPLEAÑOS, nadie llama a tu casa para FELICITARTE A TI, y puede ser una simpleza, bobería o necedad, pero verte privado de esa dosis de exclusividad anual algo sisa en la línea del tiempo. Con este martes puedo decir que cualquier sensación de merma quedo resuelta y espero que mi desbordada gratitud haya alcanzado para impregnar a todos los amables, finos y gentiles corazones que me abrazaron y apapacharon en tan mágica y emotiva velada.
Aparecieron amigos de la infancia y pacientes desaparecidos. Les hablé de como me sentía y de porque escribo como lo hago. Creo que una de las principales fuentes y causas del sufrimiento humano es LA MENTIRA. Creo en las palabras de Jesús cuando dijo “La vedad os hará libres”, y creo que una manera de nutrir nuestras existencias es practicando la CONGRUENCIA y la ENTEREZA PERSONAL a donde uno vaya. No soy ningún santo ni profeta, no soy perfecto ni pretendo serlo. Quiero vivir mi existencia en paz y armonía, experimentar mis días con entusiasmo y alegría, concentrar mis recursos y talentos en la construcción y edificación de mis sueños y no desperdiciarme en pleitos infructuosos. Creo que todo pleito debilita aunque en medio de la pelea nos brinde la sensación de estar vivos, por eso prefiero sumar y multiplicar que restar y/ó dividir. Frecuentemente mi belicoso corazón se ve tentado a emprender inútiles cruzadas y tengo que recordarme que el respeto hacia los demás también es respeto hacia mi mismo.
Después de agradecer la compañía vinieron los aplausos, las preguntas y respuestas. Mi querido amigo Javier Urrecha tuvo la atinada humorada de preguntarme algo que él ya sabía y que consideró en beneficio de otros lectores, la página de internet de todos los artículos hasta el momento publicados por esta casa editorial y que agregaré al final de esta columna. Llegó el fotógrafo y en medio de sofocadas poses apretadas le pedí a la cofradía nos tomáramos el resto de las fotos al aire libre, en un jardín minimalista que tiene el Bistro Miró en su patio interno. Ahí fue en donde avizoré el justo tamaño del séquito y pude saludar a cada uno al vuelo: participantes de diplomados, pacientes, amigos, lectores, familia, etc, todos se mostraron pacientes y considerados al no demandar atención exclusiva. Me sentí muy querido, comprendido, y acompañado... sólo un par de personas eché de menos y casi sé de cierto que bien a bien saben hube querido estuvieran a mi lado.
El pastel lo partió, como no, mi entrañable amigo Miguel Taniyama y el último de los invitados, mi adorado y desde siempre amigo Carlos G. Zazueta Tena, se despidió a las 9:30 de la noche. Acompañé a mi bella dama a su carro y me dirigí hacia la casa materna para entregarle las flores a la Virgen de Guadalupe porque horas antes y envuelta en sus congojas, mi madre le había encomendado el evento para bien... me fui a la cama con la sensación de que podía morir en ese momento declarándome feliz en el último de mis alientos.
La página es www.noroeste-sobremesa.blospot.com y el tema para la próxima Sobremesa Café del martes a las 6 de la tarde en el Bistro es el de LA SIMULACIÓN. Espero que las 3 parejas que llegaron tarde y que al ver el tumulto se descorazonaron prometiéndose llegar más temprano para la próxima si nos acompañen.
Con Dios y contigo: Gnozin Navarro Barreras

jueves, octubre 04, 2007

PRIMER ANIVERSARIO

"El ser capaz de vivir en paz y tranquilidad durante algún tiempo es testimonio de madurez."
Irvine Page

Ya todo esta listo y dispuesto para el ENCUENTRO este próximo martes 9 de Octubre en el café Bistro Miró (Rafael Buelna No. 47 Pte.; Col. Centro. Tel: 712 1820) a las 6 de la tarde. Celebraremos con café, pastel, grata compañía y una SOBREMESA que construiremos y nutriremos los presentes. ESTAS AMPLIAMENTE INVITADO E INVITADA.
Francamente estoy muy emocionado con este festín... me sabe a algo así como cuando salí de sexto y, un día antes de entrar a clases de secundaria, no pegue el ojo en toda la noche por la expectación: ¿Cómo serán las clases en secundaria?, ¿Qué se sentirá tener un maestro distinto para cada materia?, ¿Catorce materias... pero si antes sólo teníamos cuatro?... en fin.
Este año de SOBREMESA contigo, ha estado bendecido con muestras de auténticos aprecio y reconocimiento que en este momento sospecho rebasan mi capacidad de expresión. He recibido correos de todo tipo y, que gracias al internet, de lugares que ni sospechaba. Algunos culiacanenses desterrados se enteran de lo que pasa en casa leyendo EL NOROESTE EN LINEA, de esta manera he recibido tanto porras como reproches hasta de ISRAEL, por no decirte que de París, Los Ángeles, Florida, Londres, etc... sin hacer menos ni ignorar a amigos conocidos y por conocer del D.F., Guadalajara, Monterrey, Tampico, Mazatlán, Los Mochis, Obregón, Hermosillo, La Paz (BCS), Tijuana... vamos!!!... sin exagerarte, hasta de Navolato. Es bien gratificante escuchar a mí madre decirme sin decírmelo, que esta bien orgullosa de mi cuando me cuenta que “las muchachas” de “la jugada” le comentan algo que leyeron por estos rumbos: que si me gustaba trapear de chiquito (ese renglón me ha salido caro!!!), que si me quedé dormido en el camión y me fui hasta Mochis, o de la lluvia de estrellas PERSEIDAS. Me siento honorable y digno de mis progenitores y hermanos cuando mi padre me comenta que alguien lo felicitó porque leyó alguna de mis colaboraciones. Las mamás de mis amigos me comentan o mandan decir que me leen y muchos de quienes alguna vez han tomado algún curso conmigo de repente me hacen saber que disfrutan estas líneas. Pacientes vigentes y hasta ex-pacientes extraviados se han reportado, algunas personas que no conocía y gracias a la columna, también se han acercado a mi consulta. Me pregunto yo: ¿Cómo no lo voy a festejar?
Gracias al intercambio electrónico y telefónico, preguntas y respuestas de ida y vuelta brotó la intención de abrir un espacio presencial para la SOBREMESA EN VIVO y que al comentarle Rafael Jiménez Wong, Director del Café Bistró Miró, abrazó la idea con cándido entusiasmo y poner en disposición un espacio ideal para ello. Este martes será doble nuestra celebración ya que partiremos el pastel que corresponde al primer aniversario de la columna y daremos apertura a la SOBREMESA CAFÉ que también será semanal todos los martes a las 6 de la tarde en el mismo lugar.
Algunas personas me han preguntado que si porqué en martes... bien, al respecto no tengo muchas noticias. Las razones son meramente personales: hace años, cuando inicie mi proceso terapéutico, mis días de terapia eran los martes y así administraba mi semana en función de los martes, mas tarde leí un libro que robó el corazón: “MARTES CON MI VIEJO PROFESOR” de Mitch Albom en Editorial Océano y recientemente un amigo compartió conmigo un vídeo que se llama “USA PROTECTOR SOLAR” y lo puedes disfrutar en la página de www.youtube.com, es una especie de conferencia a una generación de estudiantes en plena graduación y consiste en 37 consejos de vida, uno científicamente comprobado y que es con el que abre y cierra su discurso: “usa protector solar”, mientras que el resto son basados en su propia experiencia y sin ningún fundamento científico. En uno de esos consejos habla de las preocupaciones asegurando que aquellas cosas por las que no preocupamos la mayor parte de tiempo no suceden porque los cambios de vida pueden suceder en un martes cualquiera a las 4 de la tarde.
EL CHAT DEL JUEVES
Me declaro agradecido por la participación en el CHAT. Tuvimos intercambio con personas desde el D.F. hasta Tijuana. Fue toda una experiencia de excitación y nerviosismo a la vez. Tuve mis temores de que nadie se presentara en linea y, a Dios gracias hubo sano intercambio.
Te espero el martes, y si tienes algún comentario, envíame tus comentarios a gnozin@mac.com
Con Dios y contigo: Gnozin