"Nada de lo que encontramos en la vida nos satisface del todo, NADA ES SUFICIENTE, sólo dura unos instantes y luego se va..."
Susana Zabaleta
(Película “Sexo, Pudor y Lágrimas”)
Susana Zabaleta
(Película “Sexo, Pudor y Lágrimas”)
Su singularidad estriba en su ostentosa regularidad. Cada mujer padece la misma historia como única y, por si fuera poco, como propia. No repara siquiera que repite el experimento hasta agotar sus reservas emocionales y lo más curioso es que cada tropiezo amoroso lo lamenta y llora como un revés insólito. No parece notar que vencida por la insoportable presión de la nostalgia, borra los malos recuerdos y magnifica los buenos para iniciar de nuevo, el ciclo del romantidrama cargado de episodios paradójicos e historias contrariadas.
Ella lo sabe y sus seres queridos se lo han dicho: ese hombre no te conviene, solo esta jugando contigo, es un mujeriego de lo peor, no le hagas caso, te va a romper el corazón... y como bien sabemos, ningún mecanismo ni estrategia de disuasión alcanzan para desanimarla en su despotricado intento por volar impunemente sobre el despeñadero del idilio. La dama en cuestión esta queriendo ponerse a prueba y vivir sus pasiones al borde del abismo, contagiarse de osadía y embriagarse con la valentía y la temeridad que Don Juan le inspira. De sobra le han repetido que este hombre es de gozos peregrinos, esta enterada que en su recorrido ha dejado a una que otra enamorada y nuestra Doña Inés aspira a ser LA MUJER. Esa que lo hará cambiar y con quien por fin Don Juan dirá: - “encontré al amor de mi vida”... que bonita fantasía.
¿Cómo no rendirse a tales tentaciones? se pregunta a sí misma. Lo juzgan porque no lo conocen, no lo han visto de cerca, él es bien lindo, bien considerado y atento, un caballero. Ella cree haberlo visto “enamorado” hasta las cachas cuando solo ha tenido atisbos de premeditada ternura y zalamerías estudiadas. A tal grado llega su fingido descaro que es capaz de declararse incapaz de lastimarla y aparentar una sana retirada a tiempo con tal de no hacerle daño, ir en contra de todos sus apetitos e instintos, desobedecer por vez primera los anhelos de su corazón, sacrificar sus impulsos egoístas sencillamente porque EL NO LE CONVIENE. Le dirá que ella merece a alguien mejor, alguien cuya oferta este a su altura porque aunque puro y sincero en los sentimientos que hacia ella profesa, no es digno de su amor... esta treta, por supuesto, ella la interpreta como una muestra de nobleza mayor a las palabras que escucha. Es el instante en el que él redime, de un plumazo, su reputación de Don Juan porque en este caso ella es especial.
El desenlace es conocido: se pone en marcha una tensa ceremonia de encuentros clandestinos, todos ellos, prematuramente interrumpidos, a cada cita frustrada se aviva la complicidad por la que se encuentran profundamente mancornados hasta llegar a una desesperación por demás insostenible y se plantea la máxima prueba de AMOR; él le pide huir a su lado indicando esquina y hora en la oscuridad de la noche, para ello habrá de abandonarlo TODO: seguridad, familia, nombre, título, voluntad y, finalmente, LA DIGNIDAD misma. Se confabula con la ama de llaves para que deje abierta la puertecita de la cocina y poder escapar mientras todos duermen. Ella llega puntual a su cita mientras él JAMAS se presentará porque ya logró su objetivo de conquista y lo comprueba desde una azotea.
Empieza el suplicio al descubrirse sola en su historia de amor, ahora lo sabe y se encuentra sin recursos, sin enmiendas ni zurcidos para su corazón destrozado. Con la dignidad ausente y la autoestima por los suelos llega a desearle lo peor, que como mal menor, también sienta lo mismo. Sufre por verlo y no verlo, por saber y no saber de él, porque del tamaño de su amor es su rencor y no quiere sentir ninguno de los dos. Es tan fuerte esta caída que si la dama aprende del proceso se resignará a casarse con otro hombre que jamás se acercará ni por asomo a su Don Juan. No le llegará ni a los talones, y aún así se conformará con él y con sus cuotas de pasión a medio voltaje. Todo a cambio de paz y seguridad, todo con tal de no volver a padecer esa misma ausencia que, en realidad, jamás fue presencia sino pura ilusión.
Don Juan también, y algún día, se habrá de resolver so pena de correr la misma suerte de GARRIK (http://www.poesia-inter.net/jdp0001.htm) porque aunque no lo parezca, él también es una figura trágica en esta recurrente historia. No hay víctimas, no hay verdugos, nadie a quien culpar ni señalar, nadie a quien compadecer. Ambos intentaron ganar su propio juego sin imaginar que la partida era consigo mismos.
Espero tus comentarios a gnozin@mac.com, o bien, a los tels 7522096 ó 98. Para ver algún artículo pasado, visita www.noroeste-sobremesa.blogspot.com, también te recomiendo el poema de GARRIK arriba mencionado.
Con Dios y contigo: Gnozin Navarro Barreras
