"La lectura es como el alimento; el provecho no está en proporción de lo que se come, sino de lo que se digiere."
Jaime Balmes
Jaime Balmes
Recién terminé de leer "CIEN AÑOS DE SOLEDAD" y como no lo acabo de saborear, digerir y asimilar, lo volví a empezar. Son 471 páginas de novela escrita y solo encontré dos errores, uno de ortografía y otro de genealogía (en la pag. 462 de la edición conmemorativa por la RAE en editorial Alfaguara, el autor cambia un apellido por otro y en vez de poner Babilonia pone Buendía); por lo demás, cada hoja es una delicia que se encuentra nutrida con exquisitas descripciones ambientales y enriquecida con delirantes recorridos emocionales por y hasta los virulentos, rabiosos y desquiciados corazones de cada atribulado e intenso personaje.
Leí la novela por primera vez hace 15 años como parte obligatoria de una materia que reprobé. En su momento, aunque me pareció pesada y densa, disfrute mucho su lectura. Hice intentos por construir un árbol genealógico para llevar rastro y ubicación de cada personaje a lo largo de siete generaciones en cien años de historia pero... reprobé; todavía hube que recorrer varias escuelas, universidades, cursos, diplomados y especialidades para que mi mente estuviera en condiciones. Tuvieron que pasar muchas horas de lectura y cientos de libros leídos para que yo pudiera evocar como hoy, las imágenes y sensaciones que a cada página el autor ofrece o sugiere despertar en ti y en mi. Frases como: "El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo" (pág. 9), y ¿qué tal?, "Aquel ser prodigioso que decía poseer las claves de Nostradamus, era un hombre lúgubre, envuelto en un aura triste, con una mirada asiática que parecía conocer el otro lado de las cosas" (pág. 14), ¿quizás también esta?, "... el coronel Aureliano Buendía apenas si comprendió que el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad " (pág. 231), o bien, "Aturdido por dos nostalgias enfrentadas como dos espejos, ... y que en cualquier lugar en que estuvieran recordaran siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera" (pág. 455), me fueron erizando la piel en cada renglón acariciado. Fue así, embriagado de Macondo, extasiado con sus personajes y fascinado con los eventuales guiños de memoria que el autor ofrece para quien tiene "ojos para ver", como decidí volverlo a leer y rescatar de cada página, aquellas líneas que más me estremecieron y siguen estremeciéndome para quizás, de ahí sacar, "CIEN AÑOS DE SOLEDAD EN FRASES".
¿Cómo expresarlo sin desvirtuarlo?... de todos los vicios y perniciosidades en los que alguna vez he incurrido, creo que la lectura ha sido el que más me ha afectado. Sin pretenderlo ni saberlo, fui dejándome envolver por el "canto de sus sirenas" y en el día a día sucumbí cada vez a dosis más fuertes. No supe en qué momento ya estaba infestado por su embeleso, al grado de experimentar cada sentido hechizado (mi forma de percibir los aromas se trastocó durante y después para toda la vida con la lectura de "El perfume"), mi corazón completamente transformado en su forma de sentir y palpitar (sobre todo con "A donde el corazón te lleve" y "Frankeinstein") y mi mente amplía sus cuotas de abstracción y fortalece sus funciones a cada lectura. Como quien dice, este vicio ataca como cualquier mal de amores lo sacude todo: cuerpo, mente y espíritu.
"Las puertas de la percepción" se abren y sensibilizan a nuevas experiencias, mientras se refina el pensamiento con una mayor variedad de referencias y el espíritu aquieta por un momento su irremediable nostalgia de eternidad, porque por un momento dos seres humanos asincrónicamente coinciden en pensares y sentires, por un momento y en distinto tiempo, ambos ven el mismo escenario como sospecho que el buen Gabo siempre tuvo presente cada rincón y recoveco de Macondo mientras nos describía los vaivenes de la dinastía Buendía porque "...todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra" (pág. 471).
Te deseo una excelente semana de lectura y coincidencias asincrónicas en tanto yo quedo a la espera de tus comentarios al 7522096, 98; o bien, a gnozin@mac.com
Con Dios y contigo: Gnozin Navarro Barreras
Leí la novela por primera vez hace 15 años como parte obligatoria de una materia que reprobé. En su momento, aunque me pareció pesada y densa, disfrute mucho su lectura. Hice intentos por construir un árbol genealógico para llevar rastro y ubicación de cada personaje a lo largo de siete generaciones en cien años de historia pero... reprobé; todavía hube que recorrer varias escuelas, universidades, cursos, diplomados y especialidades para que mi mente estuviera en condiciones. Tuvieron que pasar muchas horas de lectura y cientos de libros leídos para que yo pudiera evocar como hoy, las imágenes y sensaciones que a cada página el autor ofrece o sugiere despertar en ti y en mi. Frases como: "El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo" (pág. 9), y ¿qué tal?, "Aquel ser prodigioso que decía poseer las claves de Nostradamus, era un hombre lúgubre, envuelto en un aura triste, con una mirada asiática que parecía conocer el otro lado de las cosas" (pág. 14), ¿quizás también esta?, "... el coronel Aureliano Buendía apenas si comprendió que el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad " (pág. 231), o bien, "Aturdido por dos nostalgias enfrentadas como dos espejos, ... y que en cualquier lugar en que estuvieran recordaran siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera" (pág. 455), me fueron erizando la piel en cada renglón acariciado. Fue así, embriagado de Macondo, extasiado con sus personajes y fascinado con los eventuales guiños de memoria que el autor ofrece para quien tiene "ojos para ver", como decidí volverlo a leer y rescatar de cada página, aquellas líneas que más me estremecieron y siguen estremeciéndome para quizás, de ahí sacar, "CIEN AÑOS DE SOLEDAD EN FRASES".
¿Cómo expresarlo sin desvirtuarlo?... de todos los vicios y perniciosidades en los que alguna vez he incurrido, creo que la lectura ha sido el que más me ha afectado. Sin pretenderlo ni saberlo, fui dejándome envolver por el "canto de sus sirenas" y en el día a día sucumbí cada vez a dosis más fuertes. No supe en qué momento ya estaba infestado por su embeleso, al grado de experimentar cada sentido hechizado (mi forma de percibir los aromas se trastocó durante y después para toda la vida con la lectura de "El perfume"), mi corazón completamente transformado en su forma de sentir y palpitar (sobre todo con "A donde el corazón te lleve" y "Frankeinstein") y mi mente amplía sus cuotas de abstracción y fortalece sus funciones a cada lectura. Como quien dice, este vicio ataca como cualquier mal de amores lo sacude todo: cuerpo, mente y espíritu.
"Las puertas de la percepción" se abren y sensibilizan a nuevas experiencias, mientras se refina el pensamiento con una mayor variedad de referencias y el espíritu aquieta por un momento su irremediable nostalgia de eternidad, porque por un momento dos seres humanos asincrónicamente coinciden en pensares y sentires, por un momento y en distinto tiempo, ambos ven el mismo escenario como sospecho que el buen Gabo siempre tuvo presente cada rincón y recoveco de Macondo mientras nos describía los vaivenes de la dinastía Buendía porque "...todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra" (pág. 471).
Te deseo una excelente semana de lectura y coincidencias asincrónicas en tanto yo quedo a la espera de tus comentarios al 7522096, 98; o bien, a gnozin@mac.com
Con Dios y contigo: Gnozin Navarro Barreras

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