"Los fanatismos que más debemos temer son aquellos que pueden confundirse con la tolerancia."
Fernando Arrabal
Fernando Arrabal
Debo de haber tenido 9 años cuando viví mi primera “experiencia religiosa”. Estaba en tercero de primaria en un colegio particular con oficial orientación católica. Era lunes y como de costumbre, nuestra maestra, la madre Rita, le pidió al grupo que levantaran la mano aquellos que hallasen ido a misa el día anterior. Fuimos varios los obedientes. A cada uno le fue preguntando de forma directa el nombre de la parroquia a la que había asistido, al tiempo que ella mencionaba al párroco que allí oficiaba. Uno a uno fue respondiendo y cuando toco mi turno, en plena y franca inocencia describí los hechos:
-“No se como se llama la parroquia madre… es más, no era ninguna “iglesia normal” (en ese entonces aun no distinguía la diferencia entre parroquia e iglesia), era como una bodega. No había santos ni imágenes de la Biblia, no hubo comunión (la comunión era un tema de todos los días porque nos estaban preparando para nuestra “primera comunión), pero todo fue muy bonito madre. De hecho no fue misa de una hora sino de todo el sábado y todo el domingo. Fue como un retiro espiritual. El primer día nos dieron catecismo de manera muy diferente. Jugábamos y aprendíamos. Cantábamos y nos reíamos. Me gusto mucho madre. A ratos estábamos todos juntos, chicos y grandes en la bodegota que le dije, y a ratos los grandes por un lado y nosotros por otro. Hasta hicimos una obra de teatro de cuando venían persiguiendo al pueblo de ISRAEL y el patriarca con su bastón abrió el mar para poder pasar y que luego los malos se ahogaron… Como se llamaba ese señor madre?… Durante las misas la gente se agarraba de las manos y bailaban como festejando. Como le digo, todo era bien bonito. El domingo hubo bautizos en el río madre, igualito como bautizaron a Jesús un día; y yo quise saber que sintió nuestro señor cuando lo bautizaron. Estaba bien emocionado… ”
En esa parte del relato “algo” pasó. El rostro de la madre cambio. La mirada que en un principio me dirigía se tornó de pocos amigos. Frunció su ceño, agudizo su mirar y mientras se aproximaba a mi escritorio me veía por encima de los lentes al tiempo que mí crónica iba perdiendo entusiasmo y mi cuerpo iba siendo invadido por un terror sin explicación. No sabía que era, pero estaba seguro que se aproximaban malas noticias y parecía tener que ver con algo que había dicho, y yo no sabía que. Me tomó por asalto del brazo y me levanto de un jalón, mi quijada empezó a temblar y sin darme cuenta, ya estábamos en “LA DIRECCION”. –“Aquí te quedas hasta que llegue la madre Directora y ella sepa que hacer contigo”. Me encontraba en una diminuta sala de espera entre su oficina y el pasillo, que entonces me parecía inmensa y fría. Siempre he sido “alto”, sin embargo esa es la única vez en mí vida que recuerdo no tocar el piso con mis pies estando sentado. Tanto física como emocionalmente me encontraba con los “pies en el aire” y no sabía ni que terreno estaba apunto de pisar. Después de una eternidad, la madre Directora entró y salió un par de veces sin dirigirme la mirada. Posteriormente llegó acompañada de mi mamá… ¿Cuántas veces me había repetido mi madre que lo último que ella quería era que la mandaran llamar por tener un hijo “desastroso”?. Yo ya estaba lo suficientemente aterrorizado como para que llegara mí madre. Seguía sin saber cual era mi error y estaba seguro que sería terriblemente condenado, sin derecho a réplica y que, en el caso de que tuviera la osadía de abrir la boca, solo sería usado en mi contra. Mi mamá negó haber estado enterada, siendo que yo le dije que iba a ir a un “retiro espiritual” con unos vecinos. Yo había escuchado, creo que de ella, que esos vecinos eran “protestantes” sin embargo nunca entendí a ciencia cierta que era eso. Para mí eran personas normales cuya piedad la vivían mejor que en mi casa.
Ese día lo supe. Los protestantes no eran de nuestra misma religión, no creían lo mismo que nosotros y, sobre todo, no creían en la Virgen María. Con mi bautizo en el río, yo le había dado la espalda a la Virgen, negándole mí Fe y eso, LA VIRGEN MARIA NUNCA ME LO IBA A PERDONAR!. Eso fue lo que dijo la madre y mi mamá en medio de ese regaño tan solo guardo silencio. Esas palabras retumbaron en mi conciencia día tras día. Por las noches le lloraba a LA VIRGEN para que me perdonara. Era la encarnación del remordimiento que alcanza a experimentar un niño a los 9 años. No existía sobre la tierra alma más perdida que la mía. Si mi culpa en ese momento hubiese sido repartida a partes iguales entre todos los culiacanenses, la ciudad entera se hubiese hundido como otra hora Sodoma y Gomorra. Cargue con eso durante semanas. Mis noches eran largas y pesadas. No sabía, y ni señal tenía, de que había sido perdonado. Me cansaba de llorar y supongo que caía rendido en un sueño superficial y poco reparador. Me levantaba con ardor en los ojos y el pecho oprimido. Estaba francamente cansado.
No sé como se disolvió ese malestar ni en que momento se resolvió. Hoy entiendo que me estaban corriendo de la escuela que mis padres en su momento consideraron la mejor opción para mi educación. Puedo darme cuenta que a mi mamá “le ganó” su necesidad de quedar bien con una institución sin voltear a ver antes, su propia necesidad o la de su hijo.
Es tan fácil no saber… lo veo todos los días mientras vivo mi labor. Soy Psicólogo de profesión y vocación. Estudié maestría en psicoterapia, me encuentro estudiando un doctorado y tengo contacto con muchas personas al mes intercambiando cara a cara o por medio de grupos de crecimiento personal. Lo normal es no saber y con ello padecer los estragos de nuestras propias fantasías y expectativas. No sabemos lo que necesitamos, no sabemos que hacer, no sabemos muchas cosas y eso es natural. Tengo derecho a no saber todo acerca de todo. Tienes derecho a no saberlo también. Puedo y puedes preguntar. Nos corresponde reclamar tal derecho e incluso pedir tregua en un momento incierto.
Cualquier comentario, comunícate conmigo a yosoy@ gnozin.com, sobre todo si te gustaría abordar algún tema en particular.
Con Dios y contigo: Gnozin
-“No se como se llama la parroquia madre… es más, no era ninguna “iglesia normal” (en ese entonces aun no distinguía la diferencia entre parroquia e iglesia), era como una bodega. No había santos ni imágenes de la Biblia, no hubo comunión (la comunión era un tema de todos los días porque nos estaban preparando para nuestra “primera comunión), pero todo fue muy bonito madre. De hecho no fue misa de una hora sino de todo el sábado y todo el domingo. Fue como un retiro espiritual. El primer día nos dieron catecismo de manera muy diferente. Jugábamos y aprendíamos. Cantábamos y nos reíamos. Me gusto mucho madre. A ratos estábamos todos juntos, chicos y grandes en la bodegota que le dije, y a ratos los grandes por un lado y nosotros por otro. Hasta hicimos una obra de teatro de cuando venían persiguiendo al pueblo de ISRAEL y el patriarca con su bastón abrió el mar para poder pasar y que luego los malos se ahogaron… Como se llamaba ese señor madre?… Durante las misas la gente se agarraba de las manos y bailaban como festejando. Como le digo, todo era bien bonito. El domingo hubo bautizos en el río madre, igualito como bautizaron a Jesús un día; y yo quise saber que sintió nuestro señor cuando lo bautizaron. Estaba bien emocionado… ”
En esa parte del relato “algo” pasó. El rostro de la madre cambio. La mirada que en un principio me dirigía se tornó de pocos amigos. Frunció su ceño, agudizo su mirar y mientras se aproximaba a mi escritorio me veía por encima de los lentes al tiempo que mí crónica iba perdiendo entusiasmo y mi cuerpo iba siendo invadido por un terror sin explicación. No sabía que era, pero estaba seguro que se aproximaban malas noticias y parecía tener que ver con algo que había dicho, y yo no sabía que. Me tomó por asalto del brazo y me levanto de un jalón, mi quijada empezó a temblar y sin darme cuenta, ya estábamos en “LA DIRECCION”. –“Aquí te quedas hasta que llegue la madre Directora y ella sepa que hacer contigo”. Me encontraba en una diminuta sala de espera entre su oficina y el pasillo, que entonces me parecía inmensa y fría. Siempre he sido “alto”, sin embargo esa es la única vez en mí vida que recuerdo no tocar el piso con mis pies estando sentado. Tanto física como emocionalmente me encontraba con los “pies en el aire” y no sabía ni que terreno estaba apunto de pisar. Después de una eternidad, la madre Directora entró y salió un par de veces sin dirigirme la mirada. Posteriormente llegó acompañada de mi mamá… ¿Cuántas veces me había repetido mi madre que lo último que ella quería era que la mandaran llamar por tener un hijo “desastroso”?. Yo ya estaba lo suficientemente aterrorizado como para que llegara mí madre. Seguía sin saber cual era mi error y estaba seguro que sería terriblemente condenado, sin derecho a réplica y que, en el caso de que tuviera la osadía de abrir la boca, solo sería usado en mi contra. Mi mamá negó haber estado enterada, siendo que yo le dije que iba a ir a un “retiro espiritual” con unos vecinos. Yo había escuchado, creo que de ella, que esos vecinos eran “protestantes” sin embargo nunca entendí a ciencia cierta que era eso. Para mí eran personas normales cuya piedad la vivían mejor que en mi casa.
Ese día lo supe. Los protestantes no eran de nuestra misma religión, no creían lo mismo que nosotros y, sobre todo, no creían en la Virgen María. Con mi bautizo en el río, yo le había dado la espalda a la Virgen, negándole mí Fe y eso, LA VIRGEN MARIA NUNCA ME LO IBA A PERDONAR!. Eso fue lo que dijo la madre y mi mamá en medio de ese regaño tan solo guardo silencio. Esas palabras retumbaron en mi conciencia día tras día. Por las noches le lloraba a LA VIRGEN para que me perdonara. Era la encarnación del remordimiento que alcanza a experimentar un niño a los 9 años. No existía sobre la tierra alma más perdida que la mía. Si mi culpa en ese momento hubiese sido repartida a partes iguales entre todos los culiacanenses, la ciudad entera se hubiese hundido como otra hora Sodoma y Gomorra. Cargue con eso durante semanas. Mis noches eran largas y pesadas. No sabía, y ni señal tenía, de que había sido perdonado. Me cansaba de llorar y supongo que caía rendido en un sueño superficial y poco reparador. Me levantaba con ardor en los ojos y el pecho oprimido. Estaba francamente cansado.
No sé como se disolvió ese malestar ni en que momento se resolvió. Hoy entiendo que me estaban corriendo de la escuela que mis padres en su momento consideraron la mejor opción para mi educación. Puedo darme cuenta que a mi mamá “le ganó” su necesidad de quedar bien con una institución sin voltear a ver antes, su propia necesidad o la de su hijo.
Es tan fácil no saber… lo veo todos los días mientras vivo mi labor. Soy Psicólogo de profesión y vocación. Estudié maestría en psicoterapia, me encuentro estudiando un doctorado y tengo contacto con muchas personas al mes intercambiando cara a cara o por medio de grupos de crecimiento personal. Lo normal es no saber y con ello padecer los estragos de nuestras propias fantasías y expectativas. No sabemos lo que necesitamos, no sabemos que hacer, no sabemos muchas cosas y eso es natural. Tengo derecho a no saber todo acerca de todo. Tienes derecho a no saberlo también. Puedo y puedes preguntar. Nos corresponde reclamar tal derecho e incluso pedir tregua en un momento incierto.
Cualquier comentario, comunícate conmigo a yosoy@ gnozin.com, sobre todo si te gustaría abordar algún tema en particular.
Con Dios y contigo: Gnozin
