lunes, noviembre 19, 2007

PREMIO ACENTO

A continuación comparto con mis lectores de esta SOBREMESA este mi primer CUENTO con el que estoy participando en un concurso de la Ciudad de Guadalajara y cuyo premio será declarado y entregado el día Domingo 2 de Diciembre de 2007 en la Feria Internacional del Libro... hijole!!!... por supuesto que aspiro a ganar, para ello te solicito una autentica plegaria y esperemos lo mejor... provecho!!!

29-2-92

Terminó precipitando aquello de lo que estaba renegando y en un intempestivo desatino aceleró el ritmo del encuentro con su destino. Hacía años que con grandes esfuerzos había dejado la bebida, su única mancha en toda una vida impoluta, para que la doctora sin piedad le dijera que no había nada por hacer ante su avanzada cirrosis. Entonces corrió a su viejo refugio de penas que había abandonado desde el día en que le prometió a su mujer dejar de beber. Una semana después de la promesa tuvo que luchar contra todos sus deseos de llorar tomando en la cantina. En seco resistió cuando su única hija, por irse con el novio, lo abandonó y ni una nota le dejó. Fueron doce años de distancia y al entrar pudo notar que la taberna se encontraba tan lóbrega y pestilente como entonces la había dejado e Ignacio, el mismo cantinero ahora envejecido, limpiaba la misma barra mas gastada con lo que parecía el mismo trapo de siempre. Al fondo en una esquina parecían estar enzarzados en la misma partida de dominó los mismos parroquianos de antaño.
¡Perra vida de ingratitud! gritó el hombre estrellando el tarro sobre la barra. ¡CIRROSIS pinche Nacho!, ¡tengo cirrosis!. Toda una vida de bien portado para salir con esto... no es posible que haya seguido todas las reglas desde chico, que haya jugado limpio en todas partes, cumplí cabalmente con las leyes de Dios y del hombre para recibir en premio esta puñalada por la espalda. ¡No se vale!
Jamás conoció a su padre que desapareció de la vida de su madre cuando supo que estaba embarazada. Kaín Alberto, su único hermano gemelo, fue enfermizo desde la cuna, de manera que él, Francisco Abel, aprendió a no darle molestias ni preocupaciones a mamá desde chiquito. Fue un niño modelo, de buenas calificaciones y excelente conducta. Las maestras de todos los años siempre se expresaron de él como el alumno que todo profesor quisiera tener. Se apegó a lo establecido sin ningún cuestionamiento. Discretamente y en silencio fue ganándose su lugar en la vida. Nunca se metió en problemas con nadie ni se enredó en mitotes, chismes ni intrigas. Jamás criticó, juzgo ni condeno ociosamente a alguien. Recién cumplió los veinte años, se casó con la única mujer que intimó y solo después de cinco años de noviazgo a manita sudada y visitas regulares en la sala. Nunca faltó a la escuela ni falló en sus obligaciones de estudiante pese a haber crecido trabajando en humildes labores de jornadas agotadoras. Repartió periódico con excepción de los domingos y martes, que eran los días de mayor carga y descarga de los camiones repletos de frutas y verduras en el mercado de abastos de Mazatlán. Fue hasta que conoció a Eva Luz que sintió el tamaño de su pobreza y aspiró a un trabajo fijo. Así entró a la compañía que habría de darle trabajo y sustento hasta el último día de su vida: Teléfonos de México, sin ninguna oficialidad de puesto más allá del chico “IBM” porque atendía a todo aquel que lo requería llamándolo con la consabida expresión “y ve me a traer esto”, “y ve me a llevar aquello”. El chico “IBM” diligentemente fue escalando y pasando por todos los puestos hasta alcanzar su máxima estatura detrás de un escritorio encerrado a cuatro paredes y arrastrando el lápiz en hojas cuadriculadas de contabilidad y estados financieros. Sin plantas ni ventanas, enclaustrado en el aire acondicionado, paso sus últimos veinte años, sin más contacto que el de los número de la compañía.
En esos desahogos estaba, alternado banderitas de tequila y cerveza como cualquier otro viernes de su vida pasada, cuando en voz alta sintió la revelación: ¡no tengo porque seguir así!, me largo a vivir mi vida y lo poco o mucho que me quede habré de hacer lo que me venga en gana; y sin avisar, ¿a quién?, arrancó por la carretera internacional número quince rumbo a Guadalajara. Al pasar por Escuinapa vio el reloj y eran las 23 horas con 30 minutos, sin reparar porque ni para que, hundió con mayor fuerza su pie en el acelerador dejando una estela de polvo, tan solo para, 55 kilómetros mas adelante y siendo las 12 en punto de ese 29 de Febrero de 1992, encontrar la muerte en un derrumbamiento de puente.
Fin.

1 comentario:

KazZ LeSan dijo...

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3 Besos!