“En el desprecio de la ambición se encuentra uno de los principios esenciales de la felicidad sobre la tierra”.
Voltaire
Voltaire
En un desatinado intento por hacer justicia a mi manera terminé recibiendo una de las mejores lecciones de honorabilidad y rectitud que he tenido en mi vida. Me encontraba dando diplomados de Desarrollo Humano desde El Fuerte (colinda con Sonora) hasta Teacapán (cuya bahía es compartida con Nayarit) a través de la Escuela Normal de Especialización del Estado de Sinaloa (ENEES) que los ofertaba al magisterio de la SEPyC. La agenda estaba tan apretada que precisé compartir trabajo con terapeutas colegas de Los Mochis y Mazatlán para cubrir todas las plazas. Siempre fue cuestión de llegar a la mayor cantidad de seres humanos y maestros en búsqueda de crecimiento personal que de ganar mas dinero vendiendo el trabajo de otros; cada terapeuta recibió tal cual lo que se cobró por sus horas de labor al final de cada módulo impartido y compartido. Como director de esos programas estuve tanto en las aperturas como en las graduaciones de cada curso, sobre todo en estas últimas ya que por un lado los participantes demandaban mi presencia en el cierre de cada ciclo para escuchar unas palabras de aliento y por otro los instructores solicitaban su último pago en la clausura.
Era sábado y mientras yo terminaba el segundo módulo del Diplomado en Inteligencia Emocional en las instalaciones de la ENEES en Culiacán, el psicoterapeuta Marcelino Romo estaba concluyendo el tercero y último módulo del Diplomado en Liderazgo y Gestión Escolar en Los Mochis. Yo cerraría la sesión a las 13 horas para llegar a tiempo a la ceremonia de clausura a las cuatro de la tarde en el Centro de Maestros correspondiente, ya tenía todo listo y dispuesto: disfraz de saco, corbata y camisa manga larga en el carro, las anotaciones con los lineamientos generales del discurso que daría los traía bien doblado dentro de mi cartera y, como no, un sobre con los honorarios de Marcelino dentro de mi inseparable mochila que, a donde sea y con gusto cargo a cuestas por su variado y nutrido contenido: computadora, cuaderno de apuntes, plumones marcadores y diversas plumas de colores para subrayar cuanto leo. También traigo algunos cables y adaptadores para la computadora, ocasionalmente una o dos revistas según la ocasión, tarjetas de presentación, etc. ese día el arsenal que traía compartía espacio con el último pago de Los Mochis.
Todo se encontraba en orden siguiendo el curso de la agenda hasta que al calor del entusiasmo en la última dinámica del día, sometí a concurso un libro sin estrenar que en mi mochila traía: EL SERMÓN DE LA MONTAÑA de Emmet Fox en editorial Obelisco. Anteriormente ya se los había recomendado y había generado cierto grado de expectativa al respecto por su dificultad para encontrarlo en las librerías de la localidad, casualmente el día anterior me había topado con una copia y no resistí la tentación de obtenerlo así tampoco me contuve para ofrecerlo en premio al maestro o maestra que desplegara mayor agilidad mental esa mañana. Al sacarlo desde el fondo de la bolsa también extraje, mas mecánica que conscientemente, el sobre del dinero que quedó, sin darme cuenta, encima del escritorio del maestro. Zaida Frías se llevó el libro y en medio de las despedidas jamás reparé en el pago en la mesa abandonado. A punto de pagar estaba en la caseta de cobro JUAREZ rumbo para mi destino, cuando buscando en la mochila el efectivo noté su ausencia y como en uno de esos flashazos de memoria que preceden a la muerte recorrí momento a momento del día hasta llegar al instante en el que saqué el libro: chin...!!! me reporché y ahí te voy de regreso a la ENEES tan solo para comprobar que estaba vacía con el carro del señor de intendencia y que ocasionalmente también hace las funciones de chofer de la directora pero él no se encontraba. Claramente podía imaginármelo en una cantina pidiendo bebidas a sus anchas, celebrando y festejando su providencial encuentro con la justicia divina en forma de dinero empaquetado. Le llamé a Marcelino explicándole lo sucedido para que no me esperaran y jamás olvidaré su respuesta: - Gnozin, también estoy contigo en esta y si no aparece el dinero extraviado, corro con el 50% de lo perdido para cuando me lo puedas pagar. No te preocupes, lo importante es mantener la calma y la claridad de pensamiento.
Entonces esperé con medrada esperanza al chofer conserje hasta bien avanzada la tarde, espere hasta las últimas luces del día que notablemente acaecía. Mientras esperaba mis fantasías catastróficas mutuamente se alimentaban y cuando ya estaba completamente intoxicado con mi proceder mental, pese al apoyo y receta de Marcelino, apareció en el horizonte de mi vista la camioneta de la escuela seguido de una polvadera que a su paso levantaba. Con la mano me extendió un saludo mientras se estacionaba y como un sabueso lo abordaba. Sonriendo me preguntó: es suyo verdad?, así es le dije. No se preocupe profe, ahi lo tengo en mi carro, de haber sabido que me estaba esperando me hubiera regresado mas temprano, lo que pasa es que me entretuve con unas vueltas de la maestra Aurora, bla, bla, bla, me explicó como fue que encontró el sobre y mientras me lo entregaba sin haberlo abrierto, yo que casi lo abrazo le comenté, noommmbre maistro, yo ya me lo había imaginado a usted en alguna cantina celebrando el dinerito caído del cielo... a como será usted profe, los años que tengo yo trabajando aquí son los mismos que los muchachos saben que cuanto cae en mis manos de objetos perdidos en realidad no están perdidos. Siempre he guardado y entregado cuanto me he encontrado. ¿Cómo voy a agarrar algo que no es mío profe?, pues si le dije y abrí el sobre en resignada actitud compensadora, saque un billete de 500 y le dije, tenga maistro, bien ganado. ¿qué paso profe?, me dijo en franco desconcierto y negativa. Muchas gracias maistro, esto es suyo. Joaquín me dijo, me llamo Joaquín y de ninguna manera le voy a aceptar ese dinero. Tenga el dinero Don Joaquín, ya hizo la obra buena del día, acomplétela aceptándome esta pequeña retribución como un agradecimiento personal. No se preocupe profe Gnozin, agradecido yo sé que usted esta, ah!... entonces pus entonces agarre el dinero Don Joaquín!!!, haga de cuenta que usted se ganó 500 a la buena pudiendo haberse ganado 6000 a la mala. No diga eso profe... a ver, ¿porque me esta usted ofreciendo dinero?... ¿por hacer lo correcto?. Mire, a Dios gracias trabajo tengo, y dos, en las mañanas soy conserje y hago los mandado aquí en la escuela y en la noche soy policía municipal, de manera que no se preocupe oiga. No es necesario que me premie por hacer lo que se debe hacer.
Y como dice el Catón en su columna: Fin.
Te espero el próximo martes en el Bistro Miró para nuestra Sobremesa Café semanal como siempre, a las 7. El tema será EL HONOR DE LA LABOR CUMPLIDA. No faltes!!!.
Con Dios y contigo: Gnozin

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