martes, julio 10, 2007

PROFESION

“No hay mas verdad que la verdad vivida”
Jesús Alberto Barreras
(Mí Tío Chuy)

Una vez a la semana hacíamos en casa lo que en cierta ocasión mi madre atinó en llamar “limpieza general”, a cada uno le asignaba una tarea y regularmente me tocaba la trapeada. A mi me gustaba; sentía placer de aplicar mi fuerza al trapeador sobre el suelo, disfrutaba dejarle esa delgada capa de agua que al instante con la luz destellaba y al calor se evaporaba como si un borrador de agua persiguiera el trayecto que marcaba. Me entregaba a la faena con tanto amor y entusiasmo que en poco tiempo me adueñe de la encomienda. Yo no quería saber nada de barrer el piso o de tender las camas. No me gustaba la sacudida ni la limpieza de ventanas. No estaba interesado en la cocina ni en la fregada de trastos, platos, cubiertos o cazuelas. Me irritaban nariz y ojos la acidez de los humores expelidos por el limpiador de cochambre en la estufa igual que el ácido muriático sobre el azulejo del baño. Lo mío era la trapeada. Con mis manos lo estrujaba contra el lavadero que borde a borde y en cada choque el agua clara a lodo teñía y convertía. Con mis puños lo exprimía hasta que cada hebra ofrecía el último polvo que contenía, la meta era como de comercial: BLANQUEAMIENTO TOTAL!!! No iba a ser yo quien embarrara los pisos en vez de hacerlos brillar. Suficientes habían sido ya mis fracasos en otras labores como para permitirme la retirada de esta que tanto gozaba. Alguna vez se me pidió que levantara “el tiradero” de los cuartos e ingenuamente creí resolverlo en el instante escondiendo todo bajo la cama y más tarde que mi madre en calidad de gendarme auditor hizo el recorrido por cada uno de los rincones de la casa, levantó la colcha y preguntó: ¿qué es esto? y yo no supe si sentir coraje conmigo o vergüenza con ella... ¿Cómo le había hecho para “adivinar” la trampa de manera tan atinada?... desde entonces, mi madre me resultaba ser todo un misterio. A la fecha sé lo fácil que pudo ser para ella saber de mis chapuzas, sin embargo todavía existen cosas que no le descifro: Estoy platicando con ella y en medio de la conversación platea su intención de llamarle a uno de mis hermanos, en ese instante suena el teléfono y ¿quién crees que es?... por supuesto!, la llamada viene de la persona invocada en tanto que ella con tranquilidad expresa: estaba pensando en tí. Hoy no tengo duda de su veracidad empero en algún momento despertaba mis sospechas el hecho de que a cada llamada que le hacía me decía lo mismo: estaba pensando en ti.
Al igual que con las faenas domésticas, hoy sólo hago lo que mas me gusta y mis horas de trabajo se me pasan “volando”. Aléteya, mi hermana mayor y madre de tres hermosos hijos me dice que, los niños desde chicos nos expresan cuales son sus verdaderas inclinaciones y nos muestran sus mejores facultades de manera natural. Para saberlo no se necesita una preparación especial, ir con el psicólogo, asistir a pláticas, diplomados ni maestrías. Creo que lo que se necesita básicamente es ESTAR sin embargo una de las mayores dolencias sociales hoy por hoy, es que padre y madre NO ESTAN, y en vez de ello los mandan a CLASES de lo que sea: karate, guitarra, idiomas, natación, pintura, macrame, futbol, computación (como si ocuparan). Los mandan a terapias de lenguaje, desarrollo neuromotor, lectura veloz, desarrollo de sus inteligencias múltiples, programacion neurolingüistica, matemáticas (kumon), inteligencia emocional y hasta catecismo. Se les envía a prepararse cada vez más y más porque se espera más y más de ellos que en otros tiempos. A los cuatro vientos se dice que los niños de hoy no saben poner ATENCIÓN (TDA: Transtorno de Deficit de Atención); sin reparar que somos nosotros quienes no les prestamos la nuestra. Ellos padecen el peor de los ABANDONOS psicológicos y emocionales de la historia simplemente porque sus padres están ocupados haciendo otras cosas.** Su reclamo es auténtico y legal. Es imposible engañarlos porque son agudos y francos, no están dispuestos a seguir instrucciones cuando estas provienen de alguien incongruente a las mismas. Su rebeldía es un reflejo de nuestra hipocresía. Su abierta desobediencia es la medida de nuestra simulación de sumisión a un sistema de vida que en nuestro fuero no aprobamos ni acatamos.
Son muchos los adultos insatisfechos con sus trabajos y oficios que con fatal resignación empeñan mas de la tercera parte de su vida a cambio de solvencia económica. Si papá y mamá se viven como víctimas de profesiones y ocupaciones que los frustran, sus hijos les recuerdan que ellos no quieren eso. Su llanto les recuerda el propio contenido; su libre expresión les indica su auto represión en nombre de la manutención; y los asuntos del corazón son como el beisbol (“el partido no se acaba hasta que se acaba”); las emociones no se resuelven hasta que se resuelven. Es nuestra naturaleza quien busca concluir lo inconcluso al grado que erróneamente llegamos a cobrar facturas viejas y ajenas a las personas de nuestros días. De ahí “el cuento de nunca acabar” hasta que te decidas cambiar.
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Con Dios y contigo: Gnozin
**”La vida es aquello que te sucede cuando estas ocupado haciendo otros planes”
John Lennon

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