"A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco."
Molier
Molier
Cansados de contar mil veces la misma historia y otras mil veces vuelta a repetir, los guías de turistas, escoltados con sus inocentes rebaños, son los mismos a donde vayas, cambian las lenguas y varían las historias narradas según la ciudad; que si la Fuente de Trevi en Roma, la Torre Eiffel en París, el Big Ben en Londres o los jardines de Kremlin en Moscú; pero ellos son los mismos, acartonados hasta el copete y armados de frases mecanizadas con insufribles tonos de hastío, eventualmente le conceden a su séquito momentos para tomar fotografías, ir al baño y, como no, comprar en las tiendas que suelen darles comisión por venta. Escurren aburrimiento hasta por lo codos mientras que la manada termina contagiada y algo que pudo ser un viaje placentero termina convirtiéndose en un recorrido por fríos escenarios de catálogo que poco o nada tienen que ver los latidos de la ciudad ni el contacto con su gente. Comenté con mi padre estas perspicacias que, al parecer, le resultaron lo suficientemente alentadoras para escribirte las siguientes líneas.
*** Viajar junto a mi hijo - dos generaciones- significo para mi acoplarme al ritmo de un ciudadano del mundo versus mi propia dinámica cuyo primer viaje a europa fue hasta los 50 años, viajando en manada y conducido - ¿por quien mas ? - por esos horribles y fríos guías de turistas deguste mis primeros dos viajes parándome donde me decían que me parara, tomando fotos donde me decían que podía y conociendo solo lo que nuestro líder tenia a bien enseñarnos. En esta ocasión y envalentonado por la compañía decidí tomarle el ¨flavor citadino ¨ y bueno, la verdad no se si he conocido mas de las viejas ciudades europeas, pero si me convertí en un experto de las entradas y salidas del metro, underground, subway, llámesele como se le llame, ahí estaba subiendo y bajando escaleras, equivocando las lineas, pero contento de estar ahí con el contacto real de la gente del pueblo, gente que trabaja, ríe y sufre, que come una torta apresurado por llegar temprano, sin embargo fue muy placentero comprobar en todos los países que siempre encontramos quien nos ayudara a encontrar la dirección correcta, como una señora en Hamburgo Alemania que se bajo del tren para llevarnos al camión correcto y ponernos en manos de alguien que hablaba ingles y que termino hablando de su propio celular para pedirnos un taxi, cuando ya finalmente nos dimos por derrotados de usar un transporte económico y democrático (aunque nos bajábamos de un volvo y abordábamos un mercedes benz) como son los camiones de transporte colectivo.
¿El idioma dices? No problema ¡aun en Rusia, Alemania, Francia y la República Checa siempre encontramos como comunicarnos, aunque sea a señas y champurrando un ingles de apache que nos los envidiaría el mismo Shakespeare, que en Italia y España, que te digo como andar en Navolato.
¿Cosas que lamentar?. ¡Nada!, ¡ solo agradecer, agradecer y agradecer de tener la oportunidad de largas caminatas, platicar con mi hijo, tomar baños de tina sin preocupaciones, escuchando a Mozart revuelto con la banda sinaloense, tomar fotos donde yo quisiera, intimar con la gente local y leer a mis anchas; pura bendicion, para terminar la jornada asistiendo a un congreso mundial de generación de energía electrica eólica (por viento, si se te hace raro), primer mundo, tecnología de punta y ver los grandes generadores esparcidos por la campiña Alemana como grandes molinos de viento y pensando en nuestro querido México, ¿cuándo, Dios mío, vamos a entrarle a lo que el mundo ya tiene más de 15 años de ventaja?, ¿cuándo si ya solo tenemos 10 años antes de que se agoten los veneros de petróleo?... perdón por la disgresión, que ya le tomé mucho espacio a “tu sobremesa” y solo era un comentario... gracias y hasta luego.
Y si los guías son los mismos también lo somos los individuos. Viajando en tren de Hamburgo a Husum (lugar del Congreso Mundial de Energia Eólica www.husumwind.com) nos topamos con un grupo de estudiantes alemanes de preparatoria que viajaban también a nuestro destino con oficiales fines académicos. Ninguno pasaba de los ruidosos 17 años, ahí estaban el macho alfa, la tímida, la coqueta, el reservado, el artista y la que brincaba de un grupito a otro para no perderse ningún chisme del tren... a un comentario en voz alta estábamos de distancia para empezar a socializar sin trabas culturales ni de idioma, ellos no hablaban mas allá del español aprendido en primaria y nosotros ni eso de alemán, pero era lo de menos. Una chava llamada Cristina declaró haber aprendido 3 cosas en el año que le enseñaron español: “¿Cómo ti llamass?, ¿Cuantuos anios tieness? y... Siéntate por favorrr (es la misma que no estuvo dos minutos en un solo lugar y que pidió una canción para cantarla a coro). En 5 minutos todo el vagón a grito en cuello estaba cantando “Cielito lindo”... ay, ay, ay yay, caaaanta y no lloreeees... las dos horas fueron un suspiro de risas y aprendizajes interculturales: los jóvenes también son los mismos por doquier y las señoras juntas también. De regreso Husum - Hamburgo compartimos vagón con un grupo de 5 señoras mayores de 50 y mientras escribimos a dos voces estas líneas, han sido 2 horas de asombro sostenido: 5 MUJERES ALEMANAS PUEDEN SOSTENER 8 CONVERSACIONES SIMULTANEAS Y CRUZADAS IGUAL QUE LAS MEXICANAS. Cada una llevando hilo y vilo de cada discurso, interviniendo en una e interrumpiendo en la otra, haciendo exagerados gestos y aspavientos de manos... Las mujeres también son las mismas en todas partes.
Por cierto, esta columna esta cumpliendo un año y a partir de octubre tendremos oportunidad de celebrarlo inaugurando un espacio para SOBREMESA en vivo, un día a la semana en el Café Bistro Miró. Los detalles serán especificados el próximo domingo. La invitación esta abierta con previa confirmación (telefónica, correo electrónico) con un servidor o con nuestra directora editorial, Blanca Rosa Hernández.
Esperamos tus comentarios a gnozin@mac.com, o bien a genaro.navarro@mac.com, que como pudiste constatar lo que yo siempre he sabido: mi padre es un terapeuta - escritor extraviado que en su cumpleaños 63 esta retomando el camino.

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