jueves, septiembre 13, 2007

NUEVE

“A veces, cuesta mucho más eliminar un sólo defecto que adquirir cien virtudes”.
Jean De La Bruyère

Después de mal despertar 3 auroras consecutivas, a musicales marchas forzadas, con el escándalo del iPod paterno y de que, en un bendito error de palanca sobre el switch convertidor de energía 220 a 110, las bocinas de mi padre se quemaron para nunca jamás volver a sonar, levanté la mirada al cielo con el inigualable estilo materno y en un hondo suspiro me dije en mudo lo que ella suele soltar a voz en cuello mientras expulsa el aire: SANTO REMEDIO, ahora si abriré los ojos a mi ritmo mientras lo escucho bañarse... otra vez me equivoqué: había estado tan concentrado en mi enemistad con la música que, con el entusiasmo de su afortunado accidente de parlantes, olvidé por completo que el ritual de sus amaneceres incluye el despliegue de cortinas y persianas con el grabe desentono de alguna canción, cuya letra va inventando mientras la canta, según su estado de ánimo, y apoyándose con alguna melodía conocida... así iniciaron mis mañanas en Moscú, con la muerte del Pavaroti que el mundo perdía mientras yo al propio padecía.
Moscú es una ciudad grande que con sus 20 millones de habitantes tiene para ofrecer prácticamente lo mismo que otras ciudades grandes en el mundo: parques, monumentos históricos y otras evidencias arquitectónicas que en su momento fueron caprichos de sus grandes. Fácilmente puedes distinguir en la calle a un moscovita de un turista por el vacío en sus miradas de ausentes. Sus lujosas estaciones del metro se aprecian mejor en las postales que recorriéndolas y al igual que en Londres, en Ottawa y otros castillos pomposos, también existe la parsimonia del cambio de guardia por demás ocioso. Una cosa me llamo la atención de la Plaza Roja mientras la recorríamos a pie y con la boca semiabierta: de aquí y allá fueron apareciendo por diferentes flancos y momentos NOVIAS RECIEN CASADAS CON ESPOSO EN MANO Y DE LA MANO, cada una con su propia escolta alcoholizada y que a cada tantos pasos en escandalosa porra les gritaban: GORRR-KA, GORRR-KA... y ellos, desde luego, correspondían a los gorkas con empalagosos besos que la comitiva y a todo volumen su duración cronometraba. Se trata de una superstición social que a fuerza de costumbre lo han convertido en ritual: ofrecer el ramo de novia a la virgen que se encuentra en un pequeño altar a las puertas de la plaza. A ELLA se le pide “el milagrito” con antelación, colándose en medio de un círculo ex profeso, a ojos cerrados y lanzando una moneda hacia atrás por encima de hombro derecho. Como del tamaño del deseo es el valor de la moneda, afuera del círculo se encuentran varias pordioseras de rapiña que las recogen al vuelo y antes de embolsárselas, persignarse con ellas en devota reverencia a la virgen... entonces, todos contentos: a unas les cumple el sueño mientras que a las otras las mantiene.
Nueve es el número favorito de mi padre y sospecho que él nació el 9 de septiembre de 1944 (números que a su vez al sumarlos dan 9) y que por accidente lo registraron hasta el 19. Nueve fueron las novias en la plaza y nueve las escalofriantes prostitutas que ofrecían sus algarabiosos servicios en el lobbie del hotel al que llegamos. A ese grado debe de estar la miseria tras bambalinas en la economía de Rusia, pensé, que bajo el oropel de un lujoso hotel se practique abiertamente el taloneo de las barbies de alquiler.
Cualquier numero multiplicado por nueve nos dará un número compuesto y que cuya suma al final también nos da nueve. Con él terminan los números individuales y todas las decenas, centenas, millares, etcétera. Así como existen muchas referencias del número siete (7 notas musicales, 7 colores del arco iris, 7 veces el tamaño de la cabeza de una persona es su estatura, 7 días de la semana, 7 hoyos en la cabeza, 7, 7, 7, etsiétera...) en la vida cotidiana, así también existen del nueve y una de ellas para mí es que EL NUEVE ES EL NUMERO DE MI PADRE que se detuvo en seco al ver un cartelón en PRAGA y que anunciaba un concierto de violines y chelo el día 9 de septiembre del 2007 a las 18:00... compramos los boletos en el acto, a mi padre le toco el asiento 12 de la fila 6 y a mí el 10 (que curiosamente suman 9 y 7 respectivamente). Esa noche mi padre tuvo la energía del 9 a la quinta potencia mientras yo la disfruté a la cuarta con un 7 para no desequilibrarme (mi estructura de carácter cubre a esta número). Juntos recorrimos las calles de PRAGA como flotando en un cuento de hadas. Son tan hermosas sus calles, puentes, edificios y catedrales, que a cada paso intercambiábamos miradas de asombro y expectación. Es tan desconcertante ver tanta belleza junta que hasta sentí coraje. Un recorrido de 250 metros nos tomó casi 3 horas, cada detalle y cada ángulo de mirada le ofrece PRAGA al turista una foto de postal. El mas humilde de los abarrotes tiene algo que aportar al hechizo del panorama total. De todos los lugares que conozco, reales y ficticios, nada se parece o se le acerca a PRAGA. He estado en todos los Disneylandias del mundo y... ni uno solo, ni todos juntos pueden embelesar de la misma manera. El mundo mágico no es más que un grotesco intento por parecerse a PRAGA y palidece en su propia vulgaridad acartonada. París con toda su grandeza, culturalmente resulta obscena con tanta obra de arte comprada.
Nora Patricia, espero no tener que darte explicaciones respecto a donde vamos a ir de Luna de Miel el año que entra y que tu solita saques tus propias conclusiones, en tanto que a ti, querido lector y lectora, desde donde estoy y hasta donde me lees, te deseo una productiva semana de 7 días y que esta sea tan efectiva como si fuera de 9.
Con Dios y contigo a la espera de tus comentarios a gnozin@mac.com: Gnozin Navarro Barreras

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