“No escupas ´pal cielo porque algo te cae”
Vox Populli
Llegamos a estar toda la familia trabajando en la misma empresa y durante las comidas empezamos a desarrollar la costumbre de solo hablar asuntos de oficina. El fenómeno se fue dando de manera tan gradual que ninguno de nosotros parecía haberlo advertido hasta que finalmente, las más sensata y brillante de mis hermanas lo hizo notar diciendo: -Hey!!!, no se han dado cuenta que últimamente durante las comidas solo estamos hablando de trabajo?!?!?. Fue entonces cuando mi padre propuso aprovechar nuestros momentos de reunión para cultivar otros temas que también nos unieran como familia y así nació una juguetona campaña de discriminación a todo tema que oliera a “pendientes”, “proveedores”, “clientes”, etc. Al principio nos costo trabajo y el esfuerzo era concentrado hacia el rechazo de dichos temas. En algún momento cada uno solicito excepcionalidad justificando que su asunto si “calificaba” para ser bienvenido, sin embargo todos eramos fiscales y terminamos aplastando “al tirano”. Lo curioso fue que al solo concentrarnos en la exclusion del tema indeseable olvidamos definir cuales si eran aceptables. Sin conscientemente pretenderlo empezamos a colorear nuestras sobremesas criticando a otros… hijole!!!... Que proclives somos a la tentación de acariciar nuestra supuesta rectitud!!!... Con que facilidad podemos caer en la trampa de autopercibirnos por encima del resto. Si antes solo hablábamos de trabajo para disimular nuestras carencias personales enalteciendo nuestro sentido de responsabilidad, ahora estábamos jugando a los perfectos, poniendo en evidencia los defectos de terceros para no encarar los propios. ¿Curioso no?. Momentos que pueden ser aprovechados para nutrirnos más allá de nuestros cuerpos hablando de asuntos propios que nos hagan crecer y mejorar, terminan siendo miserablemente desperdiciados en ese jueguito de la autodefinición y autojustificación. En esta ocasion, fué la sensibilidad de mi padre la que espetó : -“Hey!!!... ahora estamos peor…Si antes traíamos tensión a la mesa con asuntos laborales, ahora lo estamos haciendo al mencionar los problemas ajenos; les propongo instituir en esta mesa el dia de la no critica”... La reacción fue inmediata, unánime, sincronizada y simultanea: CEJAS ARQUEDAS, OJOS DE PLATO, BOQUIABIERTOS Y UN OMINOSO SILENCIO que de primer impacto terminó produciendo mayor tensión que la se pretendía evitar.
Finalmente el “dia de la no crítica” fue institucionalizado en mí familia y aunque al principio resultaba incómodo hasta ser fiscal de las críticas ajenas, hoy podemos tener comidas mas nutricias y relajadas. Hemos logrado sustituir las críticas por la admiración al crecimiento y desarrollo de mis sobrinos. Nos ha resulta más armonioso hablar de esto que de los defectos ajenos. Compartiendo y departiendo en mí familia, hemos llegado a la conclusión que nos resulta mas ecológico hablar de cosas saludables que criticar en vano. Que es más fácil crear conflictos hablando de conflictos y que finalmente, para crecer como mejores seres humanos y crear ambientes mas armoniosos entre nosotros, nos conviene abordar temas positivos, propositivos e interesantes.
La tentación es fuerte y muchas veces el poder del hábito puede arrastrarte a los derroteros del pesimismo. Se precisa de mutuo apoyo entre los participantes de la sobremesa para juntos hacer el compromiso del “dia de la no crítica”. Posiblemente en tu caso les sea más fácil hablar de otros temas, sin embargo lo que fue en el nuestro, puedo decirte que fueron muy frecuentes los momentos en los que cuando mi padre (el fical mayor) señalaba una crítica, los complices volteábamos a vernos exclamado: -¿Y ahora de que vamos a hablar?.
Te deseo una “semana de la no crítica”. Favor de enviar tus comentarios a gnozin@mac.com
domingo, octubre 08, 2006
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