“A veces lo URGENTE, no deja tiempo para lo IMPORTANTE”.
MAFALDA
MAFALDA
Hasta antes de los ocho años, recuerdo que mi padre nos llevaba a cenar todos los días a “los taquitos”. Era una rutina religiosa e inquebrantable que especialmente los miércoles y jueves eran los más esperados ya que adquirían un cariz mejorado: eran “días de nieve en la Danesa 33 y de “cuentos y revistas” en la librería “Santa Rita” que se encontraba por la calle Obregón entre Escobedo y Colón. De alguna manera creo que al niño se le van determinando su preferencias a través de mensajes vedados y subrepticios. Digo esto porque no recuerdo que abiertamente se me haya indicado: - “Estos son los cuentos de niño y estos son los cuentos de niñas”, - sin embargo yo tenía una predisposición a tomar los cuentos de Superman, Aquaman, Spiderman, Batman, Hulk, etc; en tanto mis hermanas se encargaban de escoger a Archie, La Pequeña Lulu, Lolis la Gordis, etc. y mi padre compraba la revista “Siempre” los miércoles y la “Proceso” los jueves... Creo que durante esos días se iniciaba una carrera de amor por la lectura aunque entonces ninguno en mí familia lo haya sabido.
A la fecha y juntas, mi biblioteca con la paterna superan los 3, 000 títulos. Recientemente se han incorporado también películas y series de TV: Todo un mundo de recreación simbólica para no tener que salir de casa en unas buenas vacaciones, empero y para no llegar a tanto, procuro regalarme día a día unas dos horas de “vacaciones” a través de la lectura.
¿Porque a la mayoría de los niños no les llama la atención la lectura?. El estudiante promedio llega a la universidad con pobres y deficientes recursos mentales para enfrentar una simple operación aritmética sin calculadora, o para extraer el sentido y significado de la lectura de una cuartilla. No me estoy refiriendo a complejas operaciones matemáticas; no!, me refiero a una suma, una resta, una multiplicación o división... quizás extraer un porcentaje de una cifra sin calculadora... lo chavos universitarios en búsqueda de trabajo sudan en el momento de ser evaluados de esta manera. Pedirle a un(a) joven que escriba con su puño y letra como le hizo para llegar al lugar de la entrevista es un verdadero suplicio tanto por su falta de práctica caligráfica como por la pobreza de su vocabulario. Las calculadoras y los procesadores de texto con diccionario incluido han hecho de nuestras generaciones mentes tanto descuidadas como perezosas. Yo mismo no gozo de una ortografía impecable, sin embargo a fuerza de leer todos los días se te van “pegando” las palabras; y mis habilidades matemáticas jamas pasaron de resolver algoritmos sencillos, matrices y sólidos en revolución.
La vida mental se enriquece a través de los símbolos que vamos incorporando. Nuestra experiencia se registra y es rescatada a través de símbolos. Las palabras son símbolos que encapsulan significados y experiencias. Si no cuentas con la palabra precisa para describir o definir un fenómeno o una emoción, difícilmente podrás tener plena conciencia de ello. Una palabra puede determinar, modificar o cambiar tu experiencia con respecto a un fenómeno en particular. Una letra, inflexión de voz o acento, le puede cambiar el sentido y significado a todo un mensaje. Pero si no cuentas con la palabra, sencillamente te quedas como si nada.
La mayoría de las personas no sabemos utilizar las palabras y los números con sentido enriquecido. De manera displicente usamos indistintamente una u otra palabra para describir o calificar algo como si diera lo mismo. Muchos se defienden diciendo: - Pero me entendiste verdad?, y si, nos podemos dar a entender con señas y expresiones, incluso no verbales, para que los otros nos entiendan, sin embargo para entendernos a nosotros mismos si precisamos del suficiente bagaje para alcanzar cuotas de franqueza y léxico para llamarle a las cosas y experiencias por su nombre.
Que la claridad del pensamiento te acompañe esta semana teniendo cuidado y precisión de las palabras con las que bordas tus experiencias. Espero tus comentarios a gnozin@mac.com o bien, al 7522096/98.
Con Dios y contigo: Gnozin
A la fecha y juntas, mi biblioteca con la paterna superan los 3, 000 títulos. Recientemente se han incorporado también películas y series de TV: Todo un mundo de recreación simbólica para no tener que salir de casa en unas buenas vacaciones, empero y para no llegar a tanto, procuro regalarme día a día unas dos horas de “vacaciones” a través de la lectura.
¿Porque a la mayoría de los niños no les llama la atención la lectura?. El estudiante promedio llega a la universidad con pobres y deficientes recursos mentales para enfrentar una simple operación aritmética sin calculadora, o para extraer el sentido y significado de la lectura de una cuartilla. No me estoy refiriendo a complejas operaciones matemáticas; no!, me refiero a una suma, una resta, una multiplicación o división... quizás extraer un porcentaje de una cifra sin calculadora... lo chavos universitarios en búsqueda de trabajo sudan en el momento de ser evaluados de esta manera. Pedirle a un(a) joven que escriba con su puño y letra como le hizo para llegar al lugar de la entrevista es un verdadero suplicio tanto por su falta de práctica caligráfica como por la pobreza de su vocabulario. Las calculadoras y los procesadores de texto con diccionario incluido han hecho de nuestras generaciones mentes tanto descuidadas como perezosas. Yo mismo no gozo de una ortografía impecable, sin embargo a fuerza de leer todos los días se te van “pegando” las palabras; y mis habilidades matemáticas jamas pasaron de resolver algoritmos sencillos, matrices y sólidos en revolución.
La vida mental se enriquece a través de los símbolos que vamos incorporando. Nuestra experiencia se registra y es rescatada a través de símbolos. Las palabras son símbolos que encapsulan significados y experiencias. Si no cuentas con la palabra precisa para describir o definir un fenómeno o una emoción, difícilmente podrás tener plena conciencia de ello. Una palabra puede determinar, modificar o cambiar tu experiencia con respecto a un fenómeno en particular. Una letra, inflexión de voz o acento, le puede cambiar el sentido y significado a todo un mensaje. Pero si no cuentas con la palabra, sencillamente te quedas como si nada.
La mayoría de las personas no sabemos utilizar las palabras y los números con sentido enriquecido. De manera displicente usamos indistintamente una u otra palabra para describir o calificar algo como si diera lo mismo. Muchos se defienden diciendo: - Pero me entendiste verdad?, y si, nos podemos dar a entender con señas y expresiones, incluso no verbales, para que los otros nos entiendan, sin embargo para entendernos a nosotros mismos si precisamos del suficiente bagaje para alcanzar cuotas de franqueza y léxico para llamarle a las cosas y experiencias por su nombre.
Que la claridad del pensamiento te acompañe esta semana teniendo cuidado y precisión de las palabras con las que bordas tus experiencias. Espero tus comentarios a gnozin@mac.com o bien, al 7522096/98.
Con Dios y contigo: Gnozin

No hay comentarios.:
Publicar un comentario